
ATARDECERES ATLÁNTICOS EN RIAS BAIXAS
Hay muchas horas para disfrutar del acontecimiento de la mirada directa al océano, pero hay un...
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Hay planes que no necesitan una reserva. Puede que eso, en sí mismo, ya sea un verdadero lujo. Y más aún cuando llega el buen tiempo y los días se alargan para disfrutarlos al aire libre. Hay algo en un picnic que lo hace completamente especial, y es la manera en la que elegimos vivirlo. Venimos con algunas claves para disfrutarlo en su máxima expresión.
VIVIRLO CON LA LIBERTAD DE NO TENER HORARIOS
Frente al Atlántico, en primavera, el tiempo cambia de ritmo y se convierte en el escenario perfecto para dejarse llevar. No hay mayor privilegio que vivir sin prisa, dedicar tiempo a planes únicos y compartirlos con quien más queremos. ¿Se te ocurre un lujo mayor que este?

VIVIRLO CON EL VINO EN SU PUNTO PERFECTO
En sintonía con este paisaje, un picnic que no va de otra cosa que de disfrutar del momento y que tiene como protagonista nuestro Mar de Frades Albariño. Cuidar los detalles permite que se exprese en su máxima plenitud, entre los 8 y los 10ºC. Lo suficientemente fresco para resultar vibrante, pero sin perder la complejidad de sus aromas.
Son pequeños gestos que marcan la diferencia. Mantener la botella protegida del sol, conservar el frío de forma constante y servir el vino poco a poco, llenando la copa lo justo para que se mantenga siempre en su punto. Para ello, una pequeña nevera portátil o una funda térmica ayudan a preservar la temperatura incluso en exterior.
Además, elegir una buena copa de cristal, aunque sea al aire libre, permite que el vino se abra y exprese mejor sus aromas, elevando la experiencia. Esa sensación, difícil de replicar en otro lugar, en la que el vino, el paisaje y el momento parecen ir en la misma dirección.

VIVIRLO CON LA BELLEZA DE UN ESCENARIO ÚNICO
En realidad, no hace falta mucho más. Algo de picoteo que acompañe el momento. Y entonces sucede algo difícil de explicar. Frente a la inmensidad del horizonte, con la brisa salina y el sonido de las olas de fondo, la percepción cambia. Mar de Frades se integra en este escenario como si recogiera su frescura, su mineralidad. Como si el Atlántico dejara de ser solo paisaje para formar parte de la experiencia. Un picnic frente al Atlántico es un plan sencillo que, bien cuidado, se convierte en un pequeño gran lujo.
