
MOLDEADO POR EL ATLÁNTICO: LA NUEVA EXPRESIÓN DE MAR DE FRADES ALBARIÑO
Hay lugares que forman parte de nuestro origen. Y hay otros que terminan dando forma a...
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Hay momentos del verano que no necesitan planificación. Porque, a veces, el verano se resume en una mesa compartida, Mar de Frades y la compañía elegida que son verdaderas vacaciones. En verano, cuando los días parecen alargarse un poco más, el aperitivo deja de ser un simple momento antes de la comida para convertirse en uno de los rituales veraniegos que guardamos en la memoria.

Los sabores del Atlántico alrededor de la mesa
El verano invita a disfrutar de la sencillez, del producto y de esos momentos que surgen de manera espontánea. El aperitivo estival tiene mucho que ver con los sabores del mar. Conservas, mejillones, berberechos, navajas, zamburiñas o unas simples anchoas forman parte de una tradición gastronómica que encuentra en el Atlántico su mejor inspiración. Son productos que no necesitan grandes elaboraciones para destacar. Su frescura y autenticidad convierten cualquier encuentro en una ocasión especial, sobre todo cuando llegan al centro de la mesa y se comparten sin prisas.

Mar de Frades y el aperitivo perfecto
El carácter atlántico de Mar de Frades Albariño encuentra en el aperitivo uno de sus mejores momentos. Su frescura, su acidez y sus notas salinas equilibran la intensidad de mariscos y conservas, potenciando cada uno de sus matices. Servido entre 8 y 10 grados, acompaña desde unas gildas o unos mejillones hasta una tabla de quesos suaves y pequeños bocados pensados para compartir. Una elección perfecta para esos aperitivos que empiezan con algo para picar y terminan convirtiéndose en largas sobremesas.
El verano también se mide en pequeños rituales
Hay tradiciones que regresan cada verano sin necesidad de planificarlas. Un paseo junto al mar al caer la tarde, una sobremesa interminable o un aperitivo compartido forman parte de esos momentos que recordamos mucho después de que termine el verano. Quizá porque el verano no siempre está en los grandes planes, sino en esos pequeños rituales que nos invitan a disfrutar sin prisa. Y si hay una mesa, buena compañía y una copa de Mar de Frades, mejor aún.
